• Camilo Rivera

Nuevas tensiones, viejos hábitos

Una nueva ronda de acusaciones cruzadas y actos de sabotaje envuelve a los actores regionales y las potencias mundiales con intereses en Medio Oriente. Lejos de ser una crisis espontánea, ha venido escalando desde mayo de 2018, cuando Estados Unidos se retiró unilateralmente del acuerdo nuclear con Irán, que establecía el levantamiento de sanciones económicas a cambio de un monitoreo del programa nuclear persa.


A partir de esa medida drástica, sucedieron varios acontecimientos que condujeron al pico de presión en el que se encuentra la región actualmente, con un ritmo que se aceleró en los últimos meses. El 5 de mayo de 2019, el Consejero de Seguridad Nacional de la presidencia estadounidense, John Bolton, anunciaba el envío de un portaaviones y cuatro bombarderos estratégicos a la zona de Medio Oriente, con la intención de responder “con fuerza devastadora (…) a cualquier ataque de las fuerzas regulares de Irán, su Guardia Revolucionaria o sus aliados irregulares…”.[1]


Si bien estas declaraciones resultaban inusuales, incluso para la administración de Donald Trump, podrían enmarcarse en la campaña para intensificar el aislamiento de la República Islámica. En el mismo sentido se interpretaría la orden dada por el Departamento de Estado para el retiro de personal no esencial de la embajada en Iraq y el consulado de Erbil, citando supuestas amenazas por parte de agentes iraníes y milicias árabes aliadas. [2] Tanto las declaraciones como el retiro de personal en Iraq parecían medidas tomadas por la presidencia de EE.UU. para ensayar una retórica de consumo interno y fundamentar una declaración de emergencia con la que proveer de armas a los saudíes, más que a una respuesta a amenazas concretas a sus intereses en la región.[3]


Sin embargo, comenzó a trascender en algunos medios que el anuncio de Bolton respondía a sospechas fundadas transmitidas por el asesor nacional de seguridad israelí Meir Ben Shabbat sobre la base de información recabada por el Mosad. Estos reportes indicaban que era muy probable que la creciente presión estadounidense sobre Irán desembocara en represalias contra Estados Unidos, Arabia Saudíta y los Emiratos Árabes Unidos, aunque no se tenían precisiones respecto de la forma en la que se concretarían los posibles ataques.[4]


La hipótesis de una escalada verbal sin fundamentos comenzó a debilitarse el 9 de mayo, cuando tres buques que transportaban hidrocarburos esperaban su turno para ser abastecidos por un barco emiratí en las afueras del puerto de Fujaira, en EAU. A media mañana, los cuatro barcos fueron afectados por explosiones al nivel de la línea de flotación y sufrieron agujeros de 1,5 a 3 metros de diámetro en su casco. Si bien el daño fue controlado y no hubo víctimas fatales ni hundimientos, este ataque era un evento que parecía materializar las amenazas anunciadas por EEUU.

Los responsables más probables de estos actos de sabotaje eran los hutíes yemenitas de Ansar Allah, porque dos días después de los ataques al puerto fueron detonados dos drones sobre un oleoducto saudí que cruza de Oeste a Este la península arábiga. Este ataque forzó a cerrar temporalmente el oleoducto y fue reivindicado por la agrupación[5]. Y aunque nadie se hizo responsable de los ataques previos a los barcos petroleros, los eventos se enmarcaron en una ofensiva hutí contra las exportaciones petroleras de su enemigo saudí en su sensible flanco logístico, en el marco la guerra civil en Yemen.


Y a pesar de que ese actor paraestatal tuviera el apoyo de Irán y hubiera demostrado una extraordinaria capacidad de resistencia, innovación tecnológica y maestría en guerra asimétrica, sus actos de sabotaje no le dieron suficiente razón de alarma ni a los mercados, ni a la comunidad internacional.


No obstante, la indiferencia y la relativa calma no tuvieron una larga duración. El 12 de junio un misil crucero de Ansar Allah alcanzó el aeropuerto saudita de Abha, aumentando la tensión regional y consolidándolos como la primera organización considerada como terrorista por algunos países en utilizar ese tipo de misiles.[6]


El mismo día, una plataforma petrolera off shore iraní en el campo de gas Southern Pars del golfo pérsico sufrió un incendio y sus trabajadores tuvieron que ser temporalmente evacuados. La televisora estatal iraní IRIB informó que se trató de un accidente con un generador de energía y que el fuego había sido controlado, pero la concatenación de incidentes en la región y la importancia del Southern Pars como generador de 2/3 del gas natural producido por Irán aumentaban la intranquilidad en la región.[7]


Finalmente, el 13 de junio, los cascos de dos buques petroleros fueron atacados por lo que parecerían ser minas magnéticas a la altura del Golfo de Omán. Los buques Front Altair, con bandera de las islas Marshall y Kokura Corageous con bandera de Japón fueron dañados mientras estaban en tránsito por el Golfo de Omán.





Kokuka Corageuos con el daño tras la explosión y una supuesta mina magnética tipo Iapa sin explotar adosada al casco. Nótese el emplazamiento de la explosión y la mina, por encima de la línea de flotación.[8]





Front Altair en llamas.[9] La diferente magnitud de daño respondería al sitio donde se habría colocado la mina (debajo de la línea de flotación, posibilitando un mayor daño debido al efecto de taponado) antes que a un ataque por torpedo o misil.

Estos últimos ataques terminaron de despertar la preocupación de la comunidad internacional y los mercados, provocando varias declaraciones por parte de funcionarios de distintos países y haciendo subir un 4% el precio del petróleo.[10]


Las razones por las que estos últimos incidentes desataron una ola de alarma son varias y van más allá de la simple sumatoria de hechos. Los últimos ataques sucedieron en una fecha que parecería coordinada para coincidir con el sabotaje realizado un mes antes y el hecho de que se hayan utilizado minas magnéticas de tipo Iapa para atacar a cargueros en tránsito inclina la balanza a favor de un actor estatal como responsable. En efecto, el ataque con ese tipo de minas por parte de actores no estatales tiene muy pocos antecedentes en el mundo y ninguno se realizó a cargueros en tránsito. El uso de minas tipo Iapa requiere de un nivel técnico que incluso a actores estatales les es difícil de dominar, como quedó demostrado en nuestra fallida Operación Algeciras, cuando ningún buque inglés fue dañado en la bahía de Gibraltar.[11]


Y si bien los hutíes son dueños de un sorprendente arsenal de recursos, tal como se ha tratado en otros artículos del Centro Republicano, los hechos apuntarían a actores estatales como autores de los últimos actos de sabotaje. Y a raíz de ello se desató una serie de acusaciones cruzadas entre las potencias regionales de la zona y Estados Unidos que no contribuyeron a despejar los temores ante un posible inicio de una confrontación que afecte el tráfico petrolero de la región.[12]


Los mercados y la comunidad internacional reaccionaron con lógica aprehensión, porque si hay un actor estatal tras los ataques, el riesgo al que se expone la logística de una región que transporta el 20% del comercio mundial de petróleo diario crece dramáticamente. Excedería con creces las capacidades de un grupo yemenita bloqueado, afectado por una hambruna y una epidemia de cólera y tendría un potencial de escalamiento mucho mayor, al circunscribirse en el conflicto saudita-persa por la hegemonía de la región y en las últimas acciones de la administración estadounidense, que apuntan a aislar a la República Islámica y a erradicar su influencia regional.


La novedad entre estos enfrentamientos de larga data la aporta una política diplomática cruda de la administración Trump, del tipo golpear y negociar, que consiste en amenazar vía redes sociales, aplicar aumento de tarifas y sanciones comerciales, retiros unilaterales de acuerdos diplomáticos y hasta movilizaciones de tropas, para luego establecer nuevas rondas de negociaciones con las que lograr concesiones. Esta estrategia ha logrado poner a Estados Unidos en una mejor posición con respecto a sus vecinos Canadá y Méjico [13], le ha traído resultados mixtos con la Unión Europea [14] y ha puesto al mundo al borde de una nueva crisis económica en su enfrentamiento con China.


Los beneficios de esta nueva política no son sólo diplomáticos, sino que también fortalecen a la administración en la arena electoral, pero conllevan un costo de credibilidad en la diplomacia norteamericana que parecería exceder las concesiones obtenidas. Trascartón, en países donde no existe una dependencia económica fuerte, o hay regímenes que basan parte de su legitimidad en el enfrentamiento contra EEUU y sus aliados, el cambio de estrategia exterior no sólo no ha generado resultado positivo alguno, sino que ha contribuido a incrementar las tensiones, tal como sucede en Asia.


En Medio Oriente en particular, es inveterada costumbre que a cada cambio de reglas de juego como el realizado por la administración Trump se produzcan fricciones y reacomodamientos. Las acusaciones cruzadas, el recrudecimiento de los enfrentamientos y la sospecha de actores estatales saboteando la producción petrolera de la región demuestran que no nos encontramos con un caso de excepción.


Lex Parsimoniae vs Cui Bono


Pero ¿qué actor estatal estaría tras estos ataques coordinados y técnicamente complejos? La explicación más simple y enarbolada por la mayoría de los países que formularon acusaciones apunta a Irán como el autor de los hechos de sabotaje. Las declaraciones realizadas por sus los funcionarios persas no colaborarían a despejar las sospechas, ya que en múltiples ocasiones manifestaron su voluntad de cerrar el estrecho si se afectaran los intereses de Irán. Desde el comandante de los Guardianes de la Revolución[15], al Asesor de Asuntos Internacionales del Ayatollah [16], el Presidente de Irán y hasta el Ayatollah mismo respaldaron esa posibilidad.[17]


La lógica que llevaría a Irán a sabotear el tráfico de petróleo sería la de intentar presionar a sus rivales para que den marcha atrás con las sanciones económicas impuestas tras el retiro de Estados Unidos del acuerdo nuclear, que están causando un severo daño a su economía. En efecto, desde noviembre de 2018, los norteamericanos castigan a los países que compren petróleo iraní con sanciones económicas [18], lo que produjo el retiro de compañías extranjeras en Irán (como el caso de la francesa Total) y a un enfriamiento en el dinamismo del país que lo estaría forzando a cometer estos riesgosos actos de sabotaje. El impacto de estas sanciones es mayúsculo; se proyecta una caída del 6% del PBI de Irán para 2019, la producción de petróleo se redujo a menos de la mitad, los tradicionales clientes de petróleo iraní achicaron sus compras entre un 40 y un 100%, su moneda se devaluó un 60% y los ingresos promedio de las familias iraníes vieron un marcado descenso.[19]


No es una sorpresa constatar que los principales rivales de Irán coincidieron en el diagnóstico de la situación, que apuntaba a Irán como responsable. Tanto el Reino Unido y Arabia Saudita suscribieron a las declaraciones del Secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo [20], que caracterizó los ataques a los cargueros como “… los últimos de una serie de ataques instigados por la República Islámica de Irán y sus secuaces contra intereses americanos y de sus aliados. Deben ser entendidos en el contexto de 40 años de agresiones no provocadas contra naciones que aman la libertad [SIC].” [21]


Hasta aquí y a vuelo de pájaro se terminaría de trazar un cuadro de la situación más bien simple; un país acorralado por sanciones económicas decide tomar medidas drásticas para tratar de quebrar el marco de consenso que posibilita su aislamiento y lograr que terminen las penalidades que amenazan con el derrumbe de su economía.


El principio de la navaja de Ockham establece que cuando dos o más explicaciones se ofrecen para un fenómeno, la explicación completa más simple es preferible; es decir que no deben multiplicarse las entidades sin necesidad. Sin embargo ¿es la hipótesis iraní la explicación más completa posible? ¿O deja cabos sueltos lo suficientemente importantes como para minar su efectividad?


En principio, es menester notar que las condenas a Irán sólo partieron de Estados Unidos, Arabia Saudita, el Reino Unido y Alemania más tardíamente. Los dos primeros súmamente hostiles a la teocracia persa, el tercero en una posición internacional bastante compleja, que lo fuerza a buscar aliados de peso por fuera de la Unión Europea.

No obstante, resulta llamativa la ausencia de condenas a Irán por el resto de los países de la Unión Europea y de Japón, cuya bandera ondea en uno de los barcos atacados. Ya contrariados por la retirada unilateral de EE.UU. del acuerdo nuclear, cuestionan la interpretación norteamericana y no descartan que haya una complejidad mayor en juego.[22]


Esta cautela parecería estar bien fundada, porque si se analizan los hechos desde el prisma del cui bono, Irán no parecería resultar especialmente beneficiado por estos actos de sabotaje. Es decir; si Irán estuviera efectivamente detrás de estos ataques, podría elegir el buque, el lugar y el día en el que realizarlos. Y resulta ser que tanto los buques, como la fecha en la que se concretó los ataques fueron una pésima opción de entre todas las probables.


El Kokuka Corageous, de bandera japonesa, transportaba hidrocarburos hacia Singapur. Y fue atacado el mismo día en el que el primer ministro Shinzo Abe realizaba una visita diplomática a Irán con la intención de disminuir las tensiones en la zona. Que un país reciba a un primer ministro extranjero y al mismo tiempo decida atacar un barco del país de donde proviene la visita indica o un error diplomático garrafal (que no es muy común en la diplomacia persa) o la intención de provocar inequívocamente a ese otro país. Esto último no tendría absolutamente ningún beneficio para Irán, más aún teniendo en cuenta la débil situación geoestratégica en la que se encuentra.


Entonces varios países son cautos al sumarse a las acusaciones norteamericanas porque les resulta llamativo el hecho de que los actores cuyas posiciones sí se vieron beneficiadas por lo acontecido fueron Estados Unidos y, principalmente, Arabia Saudita. Los recientes actos de sabotaje les permiten posicionarse como los agredidos y como los garantes forzados de la seguridad de la región, amén de presionar a su enemigo común iraní.


Las declaraciones del príncipe heredero de la monarquía saudita, Mohamed Bin Salman son elocuentes. Tras los hechos de sabotaje el príncipe declaró que “… no deseaba una guerra en la región… pero no iba a dudar en lidiar con cualquier amenaza a su pueblo, la soberanía, la integridad territorial y los intereses vitales de Arabia Saudita.” Y agregó que “… el régimen iraní no respetó la presencia del primer ministro japonés como huésped en Teherán y respondió a su esfuerzo diplomático atacando a dos buques petroleros, uno de los cuales era japonés.¨[23]


Los ataques de junio parecerían diseñados para que los saudíes pudieran situarse en esa posición ventajosa y resultan tan obviamente perjudiciales a la posición iraní que forzosamente obligan a repreguntar sobre la autoría de los hechos y a dar lugar a la posibilidad de un atentado de falsa bandera con el que favorecer a los intereses de los rivales de la República Islámica.


Después de todo, no es la primera vez que se usa un incidente en el mar generado por una acción de falsa badera como motivación para una ofensiva diplomática o como casus belli. Ni tampoco es la primera vez que países de la región o potencias mundiales realizan operaciones de falsa bandera o grandes campañas mediáticas de desinformación para volcar la situación a su favor y llevar a cabo sus propósitos. [24]


Varios funcionarios iraníes declararon en ese sentido, negando la participación de su país en los sabotajes y sugiriendo la posibilidad de un atentado de falsa bandera. El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Mohamad Sharif, por ejemplo, señaló que los ataques respondieron a una operación de Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita para minar los esfuerzos diplomáticos persas.[25] Y si bien sus dichos poseen una veracidad potencial similar a la de los de Pompeo y sus países que aman la libertad, no resulta descabellado considerar esa posibilidad en una región tan plagada de desinformación, operaciones e intereses encontrados.


Como fuere, más allá de una autoría que quizá nunca se pueda identificar fehacientemente, los últimos incidentes acaecidos en el Golfo Pérsico auguran una nueva era de inestabilidad, porque parecen poner en juego los intereses de tres actores cuyas motivaciones lejos están de perseguir el statu quo regional y hacen difícil la posibilidad de desescalar el conflicto.


Si son las fuerzas iraníes o sus aliados regionales quienes están detrás de los ataques, estos son evidencia de un Irán que se encuentra acorralado y que está dispuesto a tomar medidas muy riesgosas y hasta contraproducentes en muchos sentidos con tal de forzar a sus adversarios a negociaciones que terminen con las sanciones que debilitan la economía y ponen en riesgo su equilibrio interno. De ser éste el escenario real, los incidentes se seguirán produciendo hasta que suceda una negociación efectiva y satisfactoria o hasta que se produzca un escalamiento del conflicto que impida mediante la fuerza la continuación de los sabotajes.


En cambio, si el sabotaje es el resultado de un atentado de falsa bandera realizado por los adversarios regionales de Irán, respondería a una búsqueda directa de escalamiento del conflicto por parte de actores que ven a la debilidad económica y al aislamiento político de su rival persa como oportunidades para forzar un conflicto regional que termine con la teocracia iraní e imponga un sistema político más afín a sus intereses.


Y, trascartón, la potencia que posee la capacidad para terminar de raíz con el conflicto que desató la tensión, no se ha mostrado como un factor de moderación, sino más bien lo contrario. Estados Unidos podría acercarse diplomáticamente a Irán y tratar de concretar un nuevo acuerdo que mantuviera controlado el desarrollo nuclear persa y satisficiera en mayor o menor medida a sus aliados en la región. Y, a la vez, posee la influencia suficiente como para impedir a cualquier aliado regional la prosecución de una campaña de desestabilización.


Sin embargo, lejos de arbitrar para la paz aprovechando su posición hegemónica, Estados Unidos parecería azuzar las brasas de un incendio que podría tener alcances estratégicos e inesperados. En una nueva contradicción que hace patente la ausencia de políticas de Estado en la cuestión de Medio Oriente, la potencia norteamericana vuelve a oscilar su péndulo, deshaciendo el precario equilibrio conseguido por administraciones anteriores. Esta vez, se vuelca nuevamente a favor de los halcones que buscan desestabilizar regímenes, con consecuencias impredecibles.

[1] https://www.cnbc.com/2019/05/06/bolton-us-to-deploy-carrier-bombers-to-middle-east-in-iran-warning.html


[2] https://elpais.com/internacional/2019/05/15/actualidad/1557912599_658554.html


[3] https://www.independent.co.uk/news/world/americas/us-politics/trump-saudi-arabia-bomb-deal-us-congress-arms-trade-a8949601.html


[4] https://www.axios.com/israel-warned-trump-of-possible-iran-plot-bolton-34f25563-c3f3-41ee-a653-9d96b4541984.html


[5] https://elpais.com/internacional/2019/05/14/actualidad/1557836028_325953.html


[6] https://uk.reuters.com/article/uk-yemen-security-saudi-attacks/yemens-houthis-attack-saudi-abha-airport-with-a-cruise-missile-al-masirah-tv-idUKKCN1TD01L


[7] https://en.radiofarda.com/a/fire-breaks-out-in-iran-s-southern-pars-gas-field/29995855.html


[8] https://www.voanews.com/middle-east/us-iran-removed-unexploded-mine-oil-tanker


[9] https://www.businessinsider.com/photos-video-oil-tanker-gulf-of-oman-flames-attack-2019-6


[10] https://www.theguardian.com/business/live/2019/jun/13/uk-house-prices-brexit-oil-price-tanker-fire-arcadia-green-business-live


[11] https://www.lanacion.com.ar/opinion/operacion-algeciras-la-version-argentina-nid211104


[12] https://www.newyorker.com/news/our-columnists/a-tanker-war-in-the-middle-eastagain


[13] https://www.vox.com/2018/10/3/17930092/usmca-nafta-trump-trade-deal-explained


[14] http://europa.eu/rapid/press-release_IP-19-2148_en.htm


[15] https://en.radiofarda.com/a/iran-guards-commander-threatens-to-block-hormuz/29791593.html


[16] https://www.rt.com/business/432937-oil-iran-hormuz-strait/


[17] https://www.reuters.com/article/us-iran-nuclear-oil-khamenei/iran-leader-backs-suggestion-to-block-gulf-oil-exports-if-own-sales-stopped-idUSKBN1KB0EI


[18] https://www.nytimes.com/2018/11/05/world/middleeast/iran-sanctions-explained.html


[19] https://www.bbc.com/news/world-middle-east-48119109


[20] https://www.jpost.com/Middle-East/Saudis-UK-agree-with-US-assessment-that-Iran-behind-attacks-592506


[21] https://www.state.gov/secretary-of-state-michael-r-pompeo-remarks-to-the-press/


[22] https://www.nytimes.com/2019/06/14/world/europe/tanker-europe-strait-of-hormuz.html


[23] https://www.theguardian.com/world/2019/jun/16/iran-tanker-attacks-saudi-crown-prince-wont-hesitate-to-deal-with-any-threat


[24] El incidente del Golfo de Tonkin, el affaire Lavon y las afirmaciones de la administración Bush sobre las armas masivas del régimen de Saddam Hussein son unos de los tantos ejemplos que nos brinda la historia contemporánea.


[25] https://www.tasnimnews.com/en/news/2019/06/14/2031813/iran-s-zarif-b-team-moving-to-sabotage-diplomacy